Joyapedia
 

La industria

LA INDUSTRIA

La balanza comercial empieza a reflejar la realidad del sector industrial en España. Como expresamos en nuestros informes anteriores, la balanza que arrojaba saldos positivos a favor de casi un 60% de exportación respecto a la importación no se derivaba de la industria joyera sino del oro reciclado que salía de nuestras fronteras manufacturado con la partida arancelaria de joyería pero cuyo destino era la fundición. El año 2015 refleja ya una realidad que no es mala para un sector que ha tenido que redimensionarse y adaptarse al verdadero mercado interno que tenía. España exporta joyería a pesar de una crisis que, especialmente, ha afectado a sectores como éste donde el objeto tiene un valor intrínseco y caro. Pero sobre todo 2016 apunta a ser el año del impulso.

Aproximadamente 8490 empresas, de naturaleza mediana y pequeña componen el Sector incluyendo la fabricación industrial o artesanal; la distribución y el comercio al menor. De ellas, un número aproximado de 1890 empresas se dedican a la realización de joyería, platería o relojería, incluyendo la reparación.

Los dos factores que han provocado el cierre de más de 7.000 empresas en los últimos años han sido la crisis económica y la delincuencia. Aunque la primera ha incidido más  en el plano estructural, la razón de que las siguientes generaciones no se hagan cargo de la empresa familiar guarda relación con la coyuntura que rodea al sector, necesidad de cumplimiento de normativas especiales en comparación a otros sectores, encarecimiento comparativo de costes y  el peligro de una profesión en una sociedad cada vez más insegura.

En los años ochenta del siglo XX se inicia un proceso de fusión de actividades que antes estaban claramente separadas, los fabricantes pueden ser distribuidores de otras marcas que complementan su producción y los detallistas importan, sobre todo de Asia, por lo que juegan un rol diferente a la simple venta minorista. El mercado global ha sido una de las causas de este cambio.

La producción: Industria y artesanía

La dimensión

De las 1890 unidades productivas, sólo unas 400 empresas tienen empleados y capacidad de proyección. En el resto se encuentran multitud de talleres subarrendados por unidades mayores incluyendo el comercio al menor o las reparaciones.

El mayor reto que afronta la industria actual es adquirir una mayor dimensión que le permita la internacionalización como una herramienta normal y no esporádica y recuperar un mercado nacional que también ha disminuido en número por su excesiva atomización y que ha adquirido hábitos en los últimos años de ir a comprar a ferias mayores que las que ofrecía el panorama español.

No obstante, la dimensión empresarial de la industria del sector coincide, desde 2014 con las características del tejido industrial de los países vecinos con una extensión y número de habitantes similar.

A la crisis internacional se unió por tanto una coyuntura que tuvo como consecuencia el mayor cierre de empresas conocido, una reducción de un sector sobredimensionado respecto a su mercado pero también un empequeñecimiento del tamaño de las empresas. El aspecto positivo es que las empresas que han  logrado superar estos años de crisis lo han hecho con la internacionalización y con la oferta de productos singulares y reconversión del producto más adaptado al perfil actual de consumidor.

No obstante, la industria joyera española sigue jugando un papel importante en el contexto europeo. Las principales ventajas competitivas del sector son una calidad extrema, profesionales altamente especializados, amplia gama de productos y un buen servicio postventa.

 Producción por zonas y especialidades

Las principales zonas productoras son Córdoba, especializada en orfebrería y joyería isabelina y comercial, de asequible precio de venta; Valencia, posicionada en el segmento de joyería media; Madrid, con joyería de todo tipo incluyendo la gama alta y relojería en oro; Barcelona, con joyería de alta gama y joyería modernista, y Galicia, especializada en joyería de lujo con la inclusión de piedras preciosas y gemas de valor.

Las reformas necesarias: institucionales y empresariales

La crisis ha tenido un impacto particularmente acentuado en la actividad industrial de todos los sectores y más en uno que puede ser considerado de lujo aunque el 85% de su producción es joyería comercial dirigida a segmentos sociales con un poder adquisitivo medio.

El sector joyero contribuye a la industria de la moda y del lujo, no sólo en el plano económico sino también cultural pero, a diferencia de otros países como Italia o Francia que ya tienen una reputación consolidada de país respecto a la moda, el primero, y al lujo el segundo, en España no se cuenta con esta reputación para amparar a sus industrias si bien hay que destacar que numerosos artistas o deportistas están contribuyendo a la creación de esa marca española de la que dependen tantos productores para la internacionalización de su producto, única salida tras la crisis para las empresas españolas que producen artículos de consumo.

El sector, en todo caso, debe responder a un cambio y el cambio implica la internacionalización de la empresa con reformas en el ámbito público y en el empresarial.

Desde las instituciones, la política europea debe revisar las políticas arancelarias, los sistemas preferenciales, la repercusión de la deslocalización en la industria y empleo europeos, el análisis comparativo de las normativas de constitución de empresas, de importación, laborales, medioambientales, tributarias, de tasas diversas, de control de la calidad, y, sobre todo, la creación de un marco favorable para la agilidad de la producción y de las transacciones comerciales en los mercados internos y exteriores.

Por su parte, las empresas deberán analizar la renovación de los elementos estructurales, tales como las medidas para aumentar la productividad- que dependen no sólo de la empresa sino de la política gubernamental- de una política energética más económica, de la reforma formativa para su adaptación a la tecnológica y a la movilidad dentro de la empresa. Además, conviene examinar la necesidad de una renovación organizativa como la eficiencia de los recursos - la centralización de un servicio en un único punto, fusión de las plantillas, eliminación de un departamento por externalización de sus tareas, eliminación de un turno de atención o producción o en el modo de organizar la producción, que pueden ser cambios obligados por las circunstancias o por un cambio de estrategia y, finalmente, el último examen requiere mirar hacia las nuevas tecnologías o lo que es más importante, atender a las reformas tecnológicas que concluyan en una mejora de la competitividad mediante la incorporación de las nuevas tecnologías a la empresa.

Aun así el sector joyero industrial español ha resistido varias crisis anteriores, internas, así como ciclos de desaceleración y esta gran crisis internacional financiera pero con enorme impacto en las economías productiva y real.

El comercio exterior

Respecto al comercio exterior, las creaciones españolas han demostrado estar en condiciones de igualdad con las colecciones de famosas marcas internacionales.

Como es tradicional, la relojería es casi siempre suiza o asiática y España es un gran consumidor pero esencialmente importador.

Aunque los gráficos que mostramos en esta web reproducen las fuentes oficiales, cabe señalar que la espectacularidad de la exportación en los últimos años se debe no sólo a la exportación de la industria joyera sino a la salida a los mercados exteriores de joyería procedente del reciclaje.

En cuanto a los principales clientes, una de las características de las exportaciones españolas es que los principales clientes siguen estando en Europa auqneu se inicia un proceso hacia terceros países.

La industria de todos los sectores industriales españoles después de la crisis de 2008.

El estallido de una burbuja financiera en los mercados mundiales de una dimensión sin precedentes desencadenó en el año 2008 una grave crisis económica financiera de ámbito mundial. Como consecuencia de esa crisis la economía europea sufrió entre los años 2008 y 2009 la recesión más profunda y generalizada de su historia reciente. En 2009 la actividad económica de la zona euro se contrajo un 4,1% y la de España un 3,7%.

Las fuertes caídas de la actividad y de la demanda en la mayoría de los países industrializados provocaron un colapso en los intercambios comerciales en el año 2009.

Se observa una clara dualidad en el comportamiento de los indicadores entre los correspondientes a los mercados financieros y los de la economía real, tanto en Europa como en España. Mientras que el sector real parece haber completado sus ajustes y estar empezando a recuperar una cierta actividad la volatilidad y la incertidumbre siguen siendo las características principales de los mercados financieros, tanto en lo que concierne a los tipos de cambio, como a las bolsas o a las primas de riesgo en los mercados de bonos.

En el primer trimestre del año 2010, se empiezan a experimentar las primeras tasas de crecimiento positivo en muchos países industrializados. Si bien se trata, en el caso de Europa, de tasas todavía moderadas. También se empieza a observar la recuperación en la demanda global, en la medida en que el comercio mundial va dando señales de crecimiento de forma consistente desde mediados de 2009. En términos reales, los intercambios mundiales crecieron a un ritmo del 10% ya en la segunda mitad del 2009 y en el primer trimestre del 2010, los indicadores recientes de intercambios mensuales muestran una continuación de esa tendencia. Tanto la OCDE como el Fondo Monetario Internacional han revisado recientemente al alza sus previsiones de crecimiento para este año.

La mejora en los indicadores del sector real es también visible en la actividad industrial. En el caso de España, la actividad de la industria, que cayó un promedio anual del 16% en el año 2009, crecía a un ritmo cercano al 1% en los cuatro primeros meses de 2010 con relación al mismo periodo del año pasado.

Por otra parte, la volatilidad y las tendencias negativas persisten en los mercados financieros. Las bolsas han estado registrando caídas importantes en los últimos meses.

Características estructurales de la industria española

La dureza de la crisis y las dificultades que se están experimentando para recuperar la senda de crecimiento están poniendo en evidencia las debilidades estructurales de nuestra economía y de nuestro tejido industrial, limitando su potencial de crecimiento.

Resumimos a continuación los cinco factores de mayor relevancia para nuestra industria.

A) Reducido peso del sector industrial sobre el total. La estructura de nuestro tejido productivo presenta un peso de la actividad industrial bastante inferior al observado en países comparables en términos de renta o de orientación económica. La actividad industrial ha sido siempre una fuente de crecimiento y progreso para las economías. El sector industrial es un prolijo generador de ideas y de tecnología que, transferidas a otros sectores, permite aumentar su productividad.

Es un sector abierto y habituado a la competencia en mercados globales y es un generador de empleo de alta cualificación. En definitiva, el fortalecimiento de la economía española requiere que el tejido productivo español se reequilibre hacia un mayor peso de la industria en el Valor Añadido Total.

B) Baja intensidad tecnológica de nuestra industria. La industria española, considerada en su conjunto, muestra todavía un bajo contenido tecnológico, la actividad se concentra de forma desproporcionada en las ramas de menor intensidad tecnológica. Así, el 85,4% de las empresas, el 64,7% de la producción y el 73,6% de la ocupación corresponden a actividades manufactureras de intensidad tecnológica baja o media-baja; en tanto que en la Unión Europea la industria de contenido tecnológico bajo o medio-bajo supone el 81% del número de empresas, el 54% de la producción y el 64,6% del empleo.

En el otro extremo, sólo el 3,7% de las empresas, el 5,4% de la producción y el 4,9% de la ocupación corresponde a la industria de alto contenido tecnológico. Hay que destacar que estas tasas son bastante inferiores a las observadas en el promedio de la Unión Europea. Así, el 6,1% de las empresas, el 10,8% de la producción y el 8,7% del empleo corresponde a la industria de alta intensidad tecnológica. Dado el carácter global de los mercados, y la entrada en escena de los países emergentes con estrategias muy agresivas de competencia basadas en bajos costes laborales, la industria española apenas dispone de margen para seguir compitiendo en mercados internacionales en base a costes laborales reducidos. Además, la convergencia nominal con nuestros socios comunitarios también presiona al alza nuestros costes. En definitiva, tenemos que buscar factores de competitividad alternativos en actividades de alto valor añadido y alta productividad que, en general, corresponden a aquellos sectores con un mayor contenido tecnológico.

Tales factores de competitividad de nuevo cuño sólo pueden venir de la mano de un esfuerzo continuado y acrecentado en materia de I+D e innovación. En este sentido, la industria española, que había incrementado fuertemente su esfuerzo en I+D en proporción a su VAB, en los últimos 10 años, ha visto estancado dicho crecimiento más recientemente. Con todo, las empresas industriales españolas realizaban en 2008 el 42,1% del gasto interno total en I+D en nuestro país, bien es verdad que mostrando ese menor dinamismo que, por ejemplo, han mostrado las empresas del sector de los servicios, cuya participación en el gasto interno total en
I+D ha pasado del 35,3% en el año 2000 al 51,7% en 2008.

C) Escasa orientación al mercado exterior. Uno de los principales desequilibrios de la economía española es su persistente déficit exterior. Nuestra cuenta corriente ha presentado un déficit ininterrumpido durante los últimos quince años. A ese desequilibrio contribuyen diversos factores, entre los que juega un papel importante la excesiva orientación de nuestra industria el mercado interior. La intensidad exportadora de nuestra industria es bastante inferior a la observada en promedio en la zona euro y esa diferencia desfavorable se ha incrementado en los últimos quince años.

La fuerte concentración de nuestras exportaciones en el mercado europeo puede constituir también una desventaja para acelerar su crecimiento, en la medida en que otras regiones presentan un mejor comportamiento económico y un mayor potencial de crecimiento de la demanda.

Esta orientación al mercado doméstico puede venir explicada, en parte, por el fuerte dinamismo de la demanda experimentado por la economía española durante los últimos quince años. Sin embargo, la actual crisis ha puesto de relieve que el ritmo de crecimiento experimentado estos años pasados no es sostenible en el medio y largo plazo, por lo que es poco probable que volvamos a experimentar ritmos tan fuertes de crecimiento en los próximas años. Por esta razón, es fundamental que nuestras empresas reorienten sus estrategias, poniendo un mayor énfasis en los mercados exteriores, en especial los de mayor crecimiento potencial.

Sin duda, una de las causas de la escasa orientación hacia el negocio global de las empresas industriales españolas es su reducida escala. Igualmente queda por delante una tarea que está perfectamente al alcance de las pequeñas y medianas empresas españolas, es decir, una mayor integración en las cadenas de suministro y cooperación vertical y horizontal con las grandes empresas exportadoras y multinacionales establecidas en España. Por esta vía, muchas empresas no directamente involucradas en las actividades internacionales pueden participar del círculo virtuoso de la competitividad, otra de las grandes asignaturas pendientes de nuestra industria y de la economía española en general.

Sin una mayor presencia de nuestra industria en los mercados y sectores globales no se acabará desarrollando eficazmente la exigencia competitiva generalizada que obligará a las empresas españolas a tomar las decisiones adecuadas.

D) Pérdida gradual de competitividad.

La competitividad es un factor dinámico y relativo. No basta con actuar sobre los factores que condicionan la productividad de un país, hay que hacerlo con más eficacia que los países competidores. En la medida en que el número de participantes en los mercados internacionales es cada vez mayor y que hay muchos países con unas políticas muy activas de fomento de la competitividad, el reto de mantenerse competitivo es cada vez mayor.

Son muchos los factores que determinan la competitividad de la economía, pero los podemos agrupar en dos: la productividad y los costes de producción. La productividad es la capacidad para producir bienes a partir de unos determinados recursos. Las medidas más habituales son las relativas al uso de factores individuales, como la producción por unidad de trabajo o la productividad del capital, y las relativas al uso conjunto de factores de producción, como la Productividad Total de los Factores. El crecimiento de la productividad del trabajo en la industria española ha sido bajo en los últimos diez años, muy inferior al promedio experimentado por los países de la zona euro. En España dicha productividad crecía a un ritmo anual del 0,7% en el periodo 2000-2008. En el mismo periodo la productividad crecía a un ritmo del 2% en la zona euro, del 2,4% en Alemania y del 2,5% en Francia. En parte este bajo crecimiento refleja la especialización de nuestro tejido productivo en actividades muy intensivas en trabajo y de bajo valor añadido. La economía española, el sector industrial en particular, necesita aumentar su productividad para poder ser más competitiva.

Según las estimaciones disponibles en la OCDE, el crecimiento de la productividad conjunta de los factores en el global de la economía en España, durante la primera década de este siglo, muestra un perfil de reducción en el periodo 2000 a 2003 y de gradual crecimiento en el periodo 2005 a 2007. Crecimiento que se interrumpe en el año 2008, probablemente con motivo de los ajustes asociados a la crisis económico financiera. Como resultado, el crecimiento promedio del periodo 2000-2008 es cero. Por lo tanto, también este indicador pone en evidencia la necesidad de reorientar la producción hacia actividades de mayor contenido tecnológico y mayor valor añadido.

Los costes en la industria española

Con relación a los costes de producción, para nuestra industria hay tres factores determinantes de estos costes: los costes laborales, los costes energéticos y los costes logísticos.

Costes laborales

La remuneración por asalariado en la industria ha crecido en España desde el año 2000 más deprisa que en muchos de nuestros competidores comerciales europeos. En particular ha crecido por encima del promedio de la zona euro. El incremento acumulado en España desde el año 2000 hasta el 2008 es de un 31%, en tanto que el acumulado en la zona euro es de un 23%. Paralelamente, el crecimiento de la productividad en España en el sector industrial en ese periodo ha sido de un 5,4% en tanto que en la Zona Euro ha sido de un 17,25 %.

Este crecimiento diferencial desfavorable para España ha dado lugar a un crecimiento más rápido de los costes laborales unitarios en nuestro país, con la consecuente pérdida de competitividad de nuestras exportaciones con relación a las de nuestros socios comerciales. Los costes laborales unitarios han crecido en España a un ritmo medio anual del 2,8% en el periodo 2000-2008, en tanto que lo han hecho a un ritmo del 0,6% en la zona euro. Por el contrario, en el año 2009 el crecimiento registrado en España es bastante inferior al promedio europeo.

Costes energéticos

Es bien sabido que para algunas actividades industriales el peso de la factura energética duplica, incluso triplica, el de los costes laborales. Eso hace del precio de la energía un factor crucial de competitividad para esas actividades. El coste eléctrico para la industria española se encuentra en la actualidad un 15,3% por encima de la media de los países de la Unión Europea en tanto que los precios de la electricidad para, por ejemplo, la industria alemana están un 2,4% por encima de la media de la UE y para la francesa están un 29,9% por debajo de la media de la UE.

Esto se debe al fuerte crecimiento experimentado por los precios de la electricidad en España en los últimos años.

Costes logísticos

Constituyen también un elemento muy importante de determinación de la competitividad. Según estimaciones de la Comisión Europea, la logística supone un 10%-15% del coste final de un producto terminado. La logística es esencial para lograr una mejora continua en la industria y es una herramienta claramente diferenciadora ya que la óptima gestión de los flujos logísticos permite la mejora de los procesos y la aparición de sinergias entre distintos agentes que participan en la cadena de suministro. Según el Banco Mundial (BM), España ocupa el lugar 25 de un conjunto de 155 países en términos de funcionamiento de la actividad logística.

El indicador utilizado por el BM se basa en seis criterios: la eficiencia aduanera, la calidad de la infraestructura, la facilidad para organizar envíos internacionales, la competencia y calidad en los servicios logísticos, la capacidad de seguimiento y trazabilidad de los envíos y la puntualidad en el transporte.

De estos criterios, España se sitúa en un lugar muy competitivo en términos de trazabilidad y en un lugar poco competitivo en términos de transporte internacional. En todo caso, hay un amplio margen de mejora que permitirá una reducción en los costes y una mejora de la competitividad.

Reducido tamaño de las empresas

El tejido productivo español se caracteriza por una fuerte atomización de las empresas y por una fuerte concentración de la actividad en las empresas más pequeñas. Existen muy pocas empresas grandes y muchas de tamaño pequeño y muy pequeño. En términos comparativos con nuestros países vecinos, España presenta una mayor proporción de microempresas que el promedio europeo. Un 92,2% de las empresas españolas y 91,8% de las europeas son microempresas. También presenta una menor proporción de empresas medianas que el promedio de los países de la UE (0,8% frente a 1,1%) y de grandes empresas (0,1% frente a 0.2%). Además, más de la mitad de las empresas españolas (un 52,7%) son microempresas que no tienen ningún asalariado. Si miramos a los distintos sectores de actividad, en todos predominan las PYMES, tanto en España como en la Unión Europea. Dentro de esto, la industria es el sector donde hay una mayor proporción de empresas grandes y una menor proporción de las más pequeñas (microempresas). Sin embargo, también en este caso el tejido español muestra un menor tamaño empresarial, ya que la proporción de empresas medianas es menor en España (2,82%) que en la UE (3,87%), también es menor la proporción de grandes empresas (0,47% en España y 0,85% en la UE27) y mayor la proporción de pequeñas y microempresas (96,7% en España y 95,3% en la UE27). El tamaño medio en número de empleados de todos los segmentos de nuestras empresas es también inferior al observado en promedio en la Unión Europea. Por ejemplo, las empresas grandes emplean un promedio de 1.155 empleados en la UE27, mientras que en España emplean un promedio de 940 personas. De forma similar, las medianas empresas tienen un promedio de 173 empleados en la UE27 y de 115 en España.

Las PYMES no sólo son importantes con relación al número de empresas, su contribución al valor añadido bruto generado por la economía española es también superior a la observada en promedio en Europa (Tabla 11). Así, las PYMES generan en España el 67,9% del VAB, frente al 57,7% de la media europea. También desde el punto de vista de la contribución al empleo se mantiene esta diferencia. El 83,1% del empleo es España se encuentra en las PYMES, frente al 77,5% de la media comunitaria. La relevancia del tamaño de las empresas para la actividad empresarial deriva del hecho de que se requiere una dimensión mínima empresarial para llevar a cabo con eficiencia algunas actividades como la inversión en I+D+I, la elaboración e implantación de estrategias de exportación, el acceso en buenas condiciones a la financiación, etc. Por esta razón, el tamaño extremadamente pequeño de la mayoría de las empresas españolas puede suponer una desventaja a la hora de competir con otros países. La mayor escala de nuestras empresas industriales puede también lograrse mediante una mayor cooperación en ámbitos más decisivos que aquellos en los que ha venido plasmándose hasta ahora, con éxito relativo, por cierto.

La puesta en común de información y estrategias pre-competitivas es fundamental para alcanzar plataformas de cooperación empresarial (escala virtual) susceptibles de desembocar en fusiones o concentraciones empresariales de mayor escala real. Para ello hay que vencer las resistencias y la desconfianza mutua entre empresas de escala reducida poco complementarias en razón de su misma especialización en la gama media de las diferentes actividades industriales.

Bases sólidas de la industria española

Entre mediados de los 90 y el comienzo de la crisis, la economía mundial vivió una larga etapa de auge, en tanto que en España el crecimiento fue robusto y significativamente superior al promedio de los países desarrollados, alcanzando entre 1996 y 2007 una tasa media del 3,7%, frente a un 3,1% de Estados Unidos y un 2,2% de la Zona Euro.

Merece la pena destacar los siguientes puntos fuertes de nuestra economía, que servirán de referencia y de apoyo para la mejora de nuestro tejido industrial.

A) Una población menos envejecida que la media europea, lo que constituye un recursos esencial una vez que comience a crecer la economía y a crearse empleo.

B) Una población mejor formada que nunca.

Desde 1997 el porcentaje de españoles de 25 a 64 años que poseen Educación Secundaria postobligatoria o superior ha pasado de 32% al 51% en 2007. En la misma proporción ha disminuido, por tanto el porcentaje de españoles que sólo poseen estudios obligatorios, que ha pasado del 69% en 1997 al 49% en 2007.

Además el porcentaje de españoles con educación superior (29%) es más elevado que el que corresponde a la media de la OCDE (27%) o de la UE (24%).

Esta cifra es también más elevada que la de Francia o Alemania y muy superior a la del resto de los países mediterráneos. En España cerca del 40% de los jóvenes tienen estudios superiores frente al 31% de la media europea y del 34% en la OCDE.

C) El último ciclo expansivo ha mejorado notablemente nuestro capital productivo. La inversión en equipo ha crecido en España muy por encima del promedio de la UE lo que ha mejorado notablemente el capital tecnológico.

D) Se ha realizado un gran esfuerzo en términos de inversión en I+D, lo que ha modernizado y dinamizado nuestros sistemas de producción. Nuestra posición relativa en inversión en I+D pasó del 58% de la media UE en 2004 al 71% en 2008, lo que representa el segundo mayor crecimiento de la UE y el mayor de la historia en España en un periodo de 4 años.

Además somos el segundo país de la UE con mayor crecimiento en las solicitudes de patentes desde 2004 y somos líderes europeos en la adopción de banda ancha en empresas.

E) El esfuerzo realizado en infraestructuras de transporte nos proporciona una de las redes de transporte más amplia y moderna de Europa.

F) La experiencia adquirida en procesos de internacionalización por muchas de nuestras grandes empresas, debe ser aprovechada como modelo y apoyo para la búsqueda de nuevos mercados por parte de nuestro tejido industrial.

España cuenta con empresas líderes en sectores clave tanto tradicionales como tecnológicos. Entre los sectores tradicionales destacan el primer operador mundial de turismo, el primer grupo textil europeo o el primer grupo alimentario en aceite de oliva, arroz y pasta. Y entre los sectores tecnológicos podemos mencionar que España cuenta con la primera empresa mundial en gestión de energía eólica, la tercera empresa mundial en telecomunicaciones o 6 de las 10 principales empresas mundiales de gestión de infraestructuras.

G) Se ha producido un aumento en la eficiencia ambiental de la industria española desde el año 2000.

Con un crecimiento del VAB industrial del 7% entre 2006 y 2008, se ha producido un descenso en las emisiones de CO2 del sector del 7,3%. Además, el consumo final de energía del sector industrial se mantiene estable entre 2007 y 2008 a niveles similares a los de 2004.

En definitiva, la industria española ha sufrido un impacto particularmente fuerte de la crisis económica y financiera. Esta crisis ha motivado importantes ajustes sobre todo durante el año 2009. En la actualidad podemos decir que ese proceso de ajuste se ha completado y las empresas empiezan a poner en marcha nuevas estrategias de crecimiento. Pero el entorno actual es muy distinto al existente antes de la crisis y también lo deben ser esas estrategias. En este nuevo entorno las debilidades de la industria se hacen más evidentes y la necesidad de ser competitivos más imperiosa. Es necesario superar esas debilidades para poder abordar un nuevo periodo de fuerte crecimiento de la actividad y del empleo. Para ello contamos con un buen punto de partida, por las importantes fortalezas constituidas durante los 15 años pasados de fuerte crecimiento.

Los gobiernos pueden y deben jugar un papel crucial en este sentido. Tanto el gobierno de España como los de las Comunidades Autónomas, como el Consejo y la Comisión en el ámbito europeo, deben reorientar sus políticas industriales para favorecer el crecimiento.

La política industrial debe pasar a jugar un papel más proactivo para favorecer la actividad industrial. Con vistas al horizonte 2020 debemos trabajar para conseguir un sector industrial reforzado, con un peso mucho más significativo en la actividad económica española. Para ello nuestro tejido industrial debe reorientar sus estrategias de internacionalización, mejorar su competitividad para competir en los mercados globales, aumentar su productividad y reducir los costes unitarios, intensificar su contenido tecnológico e incrementar el valor añadido de sus productos. Nuestras empresas no serán capaces de afrontar este reto sin reforzar su tamaño, en particular las más pequeñas tienen que crecer, consolidarse y adquirir un tamaño que les permita afrontar estos retos.

Los ejes de actuación del Gobierno de España

Para conseguir los objetivos estratégicos enunciados, a la vista de las debilidades identificadas en el tejido industrial español, la política industrial se tiene que articular en torno a cinco ejes prioritarios:

1. Mejorar la competitividad de la Industria
2. Fomentar la innovación y la I+D
3. Fomentar el crecimiento y el dinamismo de las PYMES
4. Favorecer la orientación de las empresas a los mercados internacionales
5. Reforzar los sectores estratégicos

A estos efectos, se consideran sectores estratégicos aquellos que tienen un mayor potencial de crecimiento, una mayor capacidad de arrastre sobre la industria y una clara orientación a la exportación. En concreto, los sectores que se incluyen en este eje de actuación son:

• Automoción
• Aeroespacial
• Biotecnología
• TIC y contenidos digitales
• Industria orientada a la protección medioambiental
• Energías renovables y eficiencia energética
• Agroalimentación.

 

 
Dise?o web Umbradanza
ASOCIACIÓN ESPAÑOLA DE JOYEROS, PLATEROS Y RELOJEROSMapa webInformación legal  Facebook Twitter